Jornada laboral
Una hora trabajando. Bueno, entré antes de las ocho, como siempre, y son las nueve, así que llevo una hora trabajando oficialmente, y casi otra media hora dejando que el trabajo me robe la vida. Con un destornillador de punta plana, el más pequeño que tengo, me abro un cortecito, apenas es un rasguño, en el antebrazo izquierdo. La presión se alivia, la máquina vuelve a funcionar. Dos horas trabajando. Llevo una semana sin cortarme las uñas solo para este momento: me piso bien la mano izquierda con las botas de trabajo, me inmovilzo. Con mucha calma (esa calma que surge de manera inmediata y repentina justo antes de la automutilación) sujeto la uña del pulgar con el pequeño alicate rojo, empujo su boca hasta donde la carne me permite y entonces agarro la uña con fuerza. Tirón salvaje, brutal separación. La presión se alivia, un poco de cinta aislante, la máquina vuelve a funcionar. Tres horas. Trabajando. Me duele la cabeza, como siempre, y como siempre a nadie le importa, ni a mí....